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Posturas de vida

Con el paso de los años, comenzamos a endurecernos, a acortarnos muscularmente y vamos perdiendo la movilidad de nuestro cuerpo. La fuerza de la gravedad hace su trabajo y en la mayoría de los casos ni somos concientes de que nos vamos achicando. La extenuante rutina, sumada al sedentarismo creciente de las grandes ciudades y las presiones, hace que cada vez nos movamos menos y músculo que no se ejercita, se termina atrofiando.

Nos llegan alumnos al estudio que ya no pueden agacharse para atarse las zapatillas, han perdido el mínimo de flexibilidad necesario para tal fin. No pueden levantar los brazos por sobre la cabeza, han perdido la movilidad de su columna y cuando necesitan girar lo hacen en bloque como si fuesen soldados. Como bien decía Joseph Pilates:

“ Si tiene la espalda rígida a los 30, ya es un anciano. Si la tiene totalmente flexible a los 60, todavía es joven”

Somos la generación que trabaja más cantidad de horas y se mueve cada vez menos, en comparación a otras épocas. Nuestros tejidos se adaptan a la posición que le proponemos, si pasamos 9 horas diarias frente a una computadora, nuestro cuerpo se adapta a esa postura. Comienzan a aparecer alteraciones en la columna, se alargan y debilitan los músculos de zona dorsal de la espalda y se acortan los músculos del pecho y comenzamos a caminar la vida con una joroba en la espalda (actitud cifótica). Las piernas que permanecen dobladas y quietas durante largos períodos del día, comienzan a perder su flexibilidad. Pensá cuál es la posición en la que pasas la mayor parte del día y fijáte en un espejo si ya no adaptaste esa misma posición a tu vida. Una mala postura envejece más que las primeras arrugas.

La respiración, con el paso del tiempo también se debilita (producto de estos acortamientos de la cadena muscular inspiratoria) y nuestro caudal pulmonar decrece día tras día, ante el menor esfuerzo, nos agitamos y el corazón comienza a latir muy rápido ante el menor esfuerzo.

A diario, le exigimos a nuestro cuerpo grandes esfuerzos y muy pocas veces tenemos en cuenta qué es lo que nuestro cuerpo nos pide que hagamos por él. Para muchas personas, el cuerpo es algo ajeno, desconocido; no se dan cuenta que, como dice Therese Bertherat:

“Nuestro cuerpo es nosotros mismos. Somos lo que parecemos ser. Pero nos negamos a admitirlo. No nos atrevemos a mirarnos”

Un alto porcentaje de nuestros alumnos acudieron a consultarnos por clases de Pilates, luego de un tiempo razonable de soportar algún tipo de dolor en su cuerpo o en el peor de los casos, cuando ya las dosis de analgésicos no surtieron más efecto. Cuando el semáforo del dolor ya está en el rojo, aparece el consejo profesional de comenzar alguna actividad física que corte el círculo vicioso del dolor. Para este momento hace tiempo que pasamos del leve malestar a un trastorno crónico. Lamentablemente, muchas veces, "el dolor" nos hace concientizar que tenemos que ocuparnos de nuestro cuerpo.

El cuerpo tiene sus propias exigencias y necesidades, y no está disociado de nuestros pensamientos; al contrario, somos una unidad cuerpo-mente. Lo que nos pasa por dentro es fácilmente decodificado por fuera. Las posturas y acciones de una persona nos hablan del tipo de persona que es. No sólo comenzamos a parecer mas viejos, sino que actuamos como viejos! Estoy seguro de que tendrás muchos sueños por realizar en tu vida y muchas veces te está faltando la energía necesaria para empezar a caminarlos.

En Total Pilates te aseguramos que vas a mejorar tus hábitos posturales.

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“Mis 15 años de experiencia en la técnica como entrenadora y capacitadora me dan esa seguridad, vas a mejorar.”
María Eugenia Compañy
Directora de Total Pilates